Humberto Vinueza: un hombre sobre la tierra

Siempre que leemos un texto lo hacemos desde nuestra perspectiva, y a veces olvidamos que cuando abrimos un libro —y más si es de poesía— tenemos frente a nosotros no solo al libro, sino a un ser humano que nos entrega una parte de su tránsito, su visión, sus cimas y simas, su construcción del mundo. Ahora que el poeta Humberto Vinueza (Guayaquil 1942-Quito 2017) ha dejado este mundo, el acto de abrir un libro suyo y leerlo es un acto de reconocimiento y acercamiento al hombre, al activista, al ser humano que dejó un innegable legado en las generaciones posteriores.

«Tengo sed —pensó— pero mi causa no es tener sed, / y se internó en la inmensidad sofocante de la arena. / Más tarde al contemplar las distancias, dijo / Desde mí hasta donde se pierde lo que he sido, / está acaso el enigma de mi edad. Rostros vacíos/ tiene esta sed desde mí. / Pero mi causa no es explicarme estos misterios. / Siguió caminando hacia la tarde que caía. / ¿Esta tarde va o regresa? / ¿Dónde mi existencia? / Y buscó con las manos el calor de su cuerpo / y era inútil / Con sus oídos buscaba el calor de su cuerpo / y era inútil / Con su olfato buscaba el calor de su cuerpo / y era inútil / Con su mirada buscaba el calor de su cuerpo/ y era inútil / Con sus codos, sus rodillas, sus cabellos, sus pies, / buscaba el calor de su cuerpo. / Y al ver que era inútil / miró su sombra reflejada apenas en la tibia arena. / Nadie se arrodille frente a un sueño, ni mañana / ni antes de nacer… Quizás la sombra es la parte / más importante de mi cuerpo…». Este es un fragmento del poema ‘El caminante’, publicado en 1966 (cuando tenía 24 años), en el número 7 de la revista Pucuna, de la que fue parte desde sus inicios, cuando perteneció al movimiento tzántzico. De esta revista y de este movimiento, Agustín Cueva comenta:

Todo empezó a cambiar desde aquel momento, por ahí empezaron a canalizarse todos los anhelos de transformación. Se modificó la manera de escribir, gracias a una suerte de violencia verbal que descoyuntaba los parámetros de un discurso burgués que mal o bien se había implantado en Ecuador sin separarse completamente de su ubre aristocrática. Se cambió la forma de ver el mundo, revolucionándola y a la vez desprovincializándola, en la medida en que el poeta era ahora también un trotamundos.

Lecturas y Rupturas (1986)

Vinueza comenzó así su vida en la poesía y en el activismo de izquierdas, para luego recorrer otros ámbitos de la cultura como embajador de nuestro país en Irán, Pakistán y Azerbaiyán. Pero más allá de los méritos, de su legado literario, también tiene un peso su legado simbólico, el del ser humano, el del padre, del tío, del amigo. Sonia Vinueza, su hija, recordando a su padre, habla con más peso y validez que cualquier crítica u homenaje literario que se le pueda hacer al poeta, pues, desde la cercanía de su vida, ese intimismo que es el hogar, nos llega la visión más cercana del hombre:

Pensando en el legado más importante que ha dejado mi padre creo que hay varios aspectos, por ejemplo, su compromiso político, su sensibilidad por los demás, su honestidad. Está su literatura, que es una forma de no dejarnos solos, de abrir un canal de comunicación infinita. Humberto ha impactado en muchas personas de muchas partes del mundo, por ese aspecto polifacético ha llegado a gente muy distinta y cada persona ha encontrado aspectos concretos de él; para unas personas puede ser el buen humor que tenía, creo que era bastante peculiar e inteligente; para otras quizás el amor que tenía por la gente por la que luchó desde muy joven para lograr un mundo más justo, ya sea a través de la política o de su contacto humano. (…) Yo crecí en una casa llena de libros, había tantos que todos los cuartos de la casa tenían montones de ellos, incluso en mi cuarto había libros de mi papá porque ya no quedaba espacio en ninguna parte. Tuve entonces desde muy temprana edad una relación con el objeto libro. Desde que yo tuve uso de razón él me leía y recuerdo las reuniones familiares en la sala para escuchar poemas de mi padre. Al principio me dormía en todas las lecturas, era muy pequeña, pero con la edad empecé a fascinarme por ello y a entender mejor la poesía. Luego, en la universidad estudié Literatura, allí se generó una relación muy fuerte entre los dos, me recomendaba lecturas y siempre estuvo presente en mis estudios literarios. Posteriormente a eso me confió la corrección de muchos de sus textos, y también que le hiciera comentarios. Hasta la última antología que hizo compartimos la experiencia de trabajar juntos, asumiendo yo la corrección de estilo, lo que nos pareció una coincidencia estupenda a los dos. «Fíjate cómo es la vida que nos da esta oportunidad maravillosa», me dijo.

Mauricio Proaño, músico e hijo del novelista Francisco Proaño Arandi, es también sobrino de Humberto Vinueza. Él comenta su perspectiva y experiencias para el acercamiento hacia el hombre:

La verdadera dimensión de su literatura la empiezo a entender ahora más claramente. Es extraño tener a alguien cercano y estar acostumbrado a sus palabras, sus divagaciones poéticas en conversaciones de madrugada y de humor desconcertante. Su poesía ahora se expande inevitablemente hacía el futuro. Su parte humana es seguramente el legado más importante que puedo percibir directamente. Su memoria está por muchos lugares del Ecuador profundo. Participó como alto funcionario de la Reforma Agraria en los años setenta y siempre se ha destacado, a través de muchas historias, su honestidad y entrega en este proceso para favorecer a los campesinos. (…) Recuerdo haber tenido muchas conversaciones sobre literatura en familia. Las conversaciones estaban llenas de información y vuelos filosóficos o poéticos. Un día descubrió que yo tenía la música de Fela Kuti, Jimmy Hendrix y otros. Me dijo que le grabara esa música en un cassette porque le gustaba mucho. Fue una gran suerte descubrir que le gustaba esa música. (…) Antes de fallecer mi tío contó a mi madre, Lía Vinueza, su hermana, una anécdota: Cuando era niño miró los zapatos de su padre, se quitó los suyos y se los puso amarrándose lo más que podía porque eran muy grandes, agarró una cuerda e intentó saltar pero no pudo. Durante muchos días intentó saltar la cuerda con los zapatos de su padre y no lo lograba. Un día, después de muchos intentos, por fin lo logró. Le dijo a mi madre que así aprendió cómo era la vida. Ese fue uno de sus últimos recuerdos.

Sigue recordando mientras afina su guitarra Ramírez y mira hacia el jardín de la casa. Un mirlo grande, gordo, se posa en la rama de un árbol, haciéndola bambolear, sin duda, pienso, podría ser un gallinazo cantor. ¿Por qué no? Mauricio continúa:

Me invitó una vez a tocar en el lanzamiento de uno de sus libros, leyendo sus poemas saqué de uno de ellos el título para una obra musical que toqué ese día. La obra se llamó: Signos del alba. Obra escrita para guitarra y flauta. La obra, en una parte intermedia, se volvía una improvisación bastante abstracta. Era una interpretación abierta de sus textos. Un atrevimiento que me sentía con el derecho y la libertad de hacer y deshacer. Creo que le gustó mucho, no sé si el poema y la música se volvían a juntar en algún punto, creo más bien que partían de un lugar para luego viajar y dispersarse de una forma siempre cambiante. Eran signos del alba que se podían descifrar de muchas maneras. (…) Pensando en su poesía, Un gallinazo cantor bajo un sol de a perro, es un clásico no solo porque lo sea en la literatura ecuatoriana, sino también en el imaginario de la familia. Era muy intrigante para mí de niño escuchar ese título. Noticias del Polen. Poeta tu palabra. Alias lumbre de acertijo era intrigante también, poemas que había que descifrar e interpretarlos en un juego emocionante. Seguramente su poesía y la buena poesía es la que tiene múltiples interpretaciones que se ordenan y desordenan nuevamente a través de los años. Hoy, tan cercana su partida, cualquier texto suyo parece tener un significado muy poderoso y universal.

Jorge Dávila Vásquez, amigo de años de Vinueza, también comenta sobre el legado del poeta: «Vinueza pasó del anarquismo bellamente agresivo de Un gallinazo cantor bajo un sol de a perro, a la depuración y al dominio del lenguaje en libros como Alias lumbre de acertijo, lentamente afinó su magnífica vocación de trabajo sobre el lenguaje. Poeta realmente inspirado. Gran amigo, siempre».

Humberto Vinueza, el padre, el amigo, deja un legado que va mucho más allá de su poesía, y es su propio ejemplo de humanidad, de accionar ante la vida, como cuenta Sonia cuando le pregunto qué anécdotas recuerda de Humberto Vinueza, el padre. Ella, mirando a un punto específico en el aire, es decir, dentro de su memoria, y con un brillo especial en los ojos, dice:

Era mi primer día en el jardín de infantes, creo que él era director del Ierac por aquel entonces, y yo no quería quedarme ahí, así que decidió permanecer sentado en el patio donde yo pudiera verle toda la mañana desde mi aula. Nos saludábamos de rato en rato y se quedó allí aunque tuviera que ir al trabajo. (…) Me acuerdo que otra linda experiencia fue cuando subimos en familia al Ilaló y me llevó en sus hombros sentada. Ya tenía unos 5 o 6 años, me bajé para el pic nic. También cuando subimos el Cotopaxi y terminó cargando todas las mochilas de mis compañeros de primer grado. Recuerdo cuando se subía a los árboles de aguacate, chirimoya o guabas a cosechar sacudiéndolos desde arriba, entonces mis hermanos, mi madre y yo los recogíamos del suelo. Y ya de adulta, pues una de las cosas más preciadas eran las reflexiones filosóficas sobre cualquier cosa, las sobremesas del desayuno podían durar toda la mañana, hablando de literatura, política, etc. Su conversación era profunda, valiosa y atravesada por una sensibilidad admirable. (…) Me marcaban mucho los poemas concretos que me dedicaba. No solo por el gesto amoroso, sino porque me decía cosas a través de ellos y me dejaba pensando mucho en el mensaje que quería darme. Me impresionaba su comunicación personal a través del lenguaje poético, pero también con mis hermanos y con mi madre, a la que le dedica muchísimos poemas e incluso varios de sus libros.

Hablando específicamente de su legado literario, tan importante como el legado humano, sabemos que en mayo se publicará con la editorial Eskeletra su obra completa bajo el título de De la voz y del silencio. Sonia comenta también que en Gallinazo Cantor, editorial que fue idea de sus padres desde hace mucho tiempo, tienen la idea de empezar a editar sus libros por separado de forma digital y física. «Gallinazo Cantor tiene el objetivo no solo de producir libros de mi padre sino de otros proyectos editoriales que teníamos en mente», dice.

***

Recuerdo las primeras veces que leí su poesía, solía sentarme en el parque La Carolina, adolescente, con algunos libros bajo el brazo en interminables tardes de verano. Su trabajo poético siempre me inquietó, algo ahí brillaba más allá de la simple construcción de los versos, algo que tenía piel y carne y corazón y latidos y sangre que se erguía de esas palabras como un ser vivo, perceptible. Había algo en la poesía de Humberto Vinueza que me inquietaba y me fascinaba. ¿Será que la poesía, en definitiva, es otra manera de saber, de intuir? ¿Será por eso que su magia nunca acaba así no esté, así el mundo no le pertenezca, o por lo mismo? Ahora ha fallecido, pero su percepción, su construcción del mundo queda, nos queda en los ojos la cabeza los sueños las uñas.

Notas

1.- Nombre tomado de la cerbatana con la cual los Shuar, en la amazonía ecuatoriana, lanzaban sus dardos envenenados para capturar a sus enemigos y así poder reducir sus cabezas.

2-. Reductores de cabezas.

Modificado por última vez en Martes, 28 Marzo 2017 23:29