“Lo invisible es real”

“Lo invisible es lo real”

Con motivo del festival internacional de poesía Desembarco Poético en Guayaquil 2014, que tendrá lugar en nuestra ciudad del 5 al 12 de noviembre, Antonio Gamoneda, Premio Cervantes y Premio Reina Sofía, visita nuestro país, donde formará parte del jurado del I Premio Internacional de Poesía “Medardo Ángel Silva”. Asimismo, Fondo de Animal Editores, sello guayaquileño especializado en poesía, presentará una antología de este gran poeta español, quien cuenta con una de las obras más extraordinarias e innovadoras de los últimos tiempos.

Antonio, muchas veces, leyendo tus libros, he sentido que tu poesía está a la disposición de una enorme pasión, pero al mismo tiempo de una irremediable desesperanza, que está forjada sobre esa paradoja de la existencia que puede resumirse en amar con todo el entusiasmo y la fuerza, aunque aquello que se ama o a quien se ama sea sólo un pasado, un fantasma, una franja de sangre. ¿Cómo interiorizas esta paradoja en tu vida personal y luego en el poema?

Sí, cierto, has leído bien. Entiendo que la vida es un extraño accidente que consiste en ir de la inexistencia a la inexistencia; un viaje que incluye poca esperanza; que, más bien, no incluye ninguna esperanza. Los existencialistas venían a decir que la finalidad de la existencia es morir. Yo añado –quizá ellos también– que lo peor del caso es que el ser humano lo sabe; que es, dentro de la escala zoológica, el único viviente que sabe que vive para morir. A la segunda parte de tu pregunta contesto diciendo que, dentro del extraño accidente se producen otros accidentes, otros errores; errores, sí, porque aparecen para desaparecer, para cesar. Amar, por ejemplo; un hermoso error.

En tu poesía se percibe una gran intuición, una espontaneidad prácticamente mística que se derrama sobre los versos dotándolos de cierta ambigüedad que estupefacta al lector y que vuelve indescifrables —en un espacio limitado por lo real— algunos significados. ¿Cómo se construye una poesía tan real —como la tuya— pero al mismo tiempo dotada de esas intuiciones prácticamente musicales?

¿Mística? Acepto la palabra, pero será un misticismo no ya agnóstico, sino suscitado —suelen decir para mi caso por un materialismo visionario. Todo lo invisible es, puede ser, objeto místico y, al tiempo, ser o estar conexo con la materialidad. No hay incompatibilidad entre la percepción de lo invisible y la de lo objetivamente visible. Es más, y así completo la respuesta, mi realismo es como es porque entiendo que lo invisible es real. Un ejemplo: los sueños. Nadie puede verificar los sueños de otro, aunque conoce por experiencia los propios. Y yo me pregunto: ¿no son reales los sueños? ¿No es real algo que a todos nos ha proporcionado felicidad o infelicidad, por ejemplo. En cuanto al componente musical (ya lo decía Aristóteles y, temporalmente más cercano, nos lo confirma Eliot) es el primer estado (sensible) de la significación poética (inteligible). Es la rítmica la que, si de poesía se trata, genera la palabra/pensamiento.

En tu poesía está el ambiente rural en el que creciste, pero además está el fantasma de la guerra civil española (las madres cerrando los balcones, el rostro de los obreros, los torturados, los suicidas, el hambre y la desesperanza en un marco de nieve), ¿en qué momento te diste cuenta de que todo ello iría a convertirse en el nudo central de tu trabajo? ¿Y no es ese ejercicio con la memoria una contemplación constante del dolor?

Sí, mi infancia transcurrió en un barrio mitad campesino mitad obrero. En él, la represión montada por los militares sublevados y la llamada Falange Española fue espantosa. Mi primera noción de la muerte nació asociada a la violencia sangrienta. Por cierto que, ahora mismo, por otras causas, por la que podríamos decir dictadura económica, la gente sigue suicidándose. Crímenes sociales aquellos y estos. En cuanto a darme cuenta, no: no me di cuenta en un momento puntual. Esta conciencia mortal estaba, simple e inadvertidamente en mí, en mi escritura, que viene a ser lo mismo. Como la luz, o la respiración, sentidas y sabidas desde siempre. Y sí, ciertamente, la memoria, conocimiento de lo que ya no es, suscita conciencia, cuando menos, de pérdida. Y, simultáneamente, nos avisa de que estamos avanzando hacia nuestra desaparición.

Has dicho que la poesía es otra realidad, pero que parte de esta, y además engendra el conocimiento; siendo así, me animo a preguntarte (aunque esta pregunta no pretende ningún acierto): ¿qué es la poesía? ¿Cuáles son para ti los parámetros que la forjan? ¿Y cuál puede ser la cualidad de ese conocimiento que engendra la poesía?

La poesía es una realidad en sí misma. Por ello, pretender una poesía realista es una redundancia vacía. Pero quizá no te contesto diciendo esto. ¿Qué es la poesía? Juan de Yepes o San Juan de la Cruz, como se prefiera, nos habló de un entender no entendido, de un no saber sabiendo. Curiosamente, Nietzsche opina lo mismo. En más toscas palabras —las mías—cabe decir que se trata de un pensamiento impensado; más claramente generado, como antes apunté, por una pulsión rítmica que por una reflexión. Sus parámetros están localizados en el espacio de la rítmica, que levanta de nosotros el conocimiento de lo que desconocíamos. Por eso la poesía es revelación; revelación implicada en la creación. Tú sabes muy bien que esta revelación imprevista depara sorpresas incluso a nosotros mismos.

La poesía desnuda la vida, muestra las enfermedades humanas, y el silencio lo colma de interrogantes (así como a las interrogantes las colma de silencio), sin embargo no puede cambiar el mundo. ¿Es esa incapacidad la fuente de la poesía? ¿Y cuánto de lo qué sucede con el mundo tiene que ver con la poesía? Además, has expresado que “la poesía es ajena al mercado, escasa de funciones externas, por lo que logra escapar de lo grupal”, lo que es absolutamente verdad. Sin embargo, ¿cómo pretende herir esa poesía que tiene que ver con el mundo en un mundo que no consume poesía?

Ya nos tiene dicho Sartre que la poesía, siendo “irremediablemente subjetiva, no puede modificar las realidades objetivas”. Estoy de acuerdo, pero también creo que la poesía puede intensificar la conciencia individual; ser causa de una sensibilidad intelectual, moral y emocional, de una receptividad también, desde las que resultará más natural y posible la adopción de actitudes que, estas sí, pueden ser operativas a los efectos de cambiar el mundo. En términos histórico-sociales y sin necesidad de explicitar una voluntad insurgente o una protesta, de este modo indirecto, la poesía puede favorecer la erosión de sistemas injustos. La propia naturaleza del lenguaje poético pugna con la naturaleza de los lenguajes establecidos y, en este sentido, toda, digo toda, poesía verdadera es insurgente.

Tu padre fue poeta, y murió cuando eras muy pequeño. Dejó un solo libro, escrito por él, con el que aprendiste a leer. ¿Cómo defines tu vínculo con las letras y con ese libro?

Dentro de la orfandad, de la desdicha que la orfandad dispone y de la pobreza, fui afortunado: el conocimiento simultáneo de los signos de escritura y de un lenguaje otro, quizá fue determinante en mi vocación. A los cinco años, quedé, por así decirlo, condenado a ser poeta.

En el panorama poético español, has sido considerado dentro de la llamada generación del 50 o los niños de la guerra; sin embargo nunca te has sentido parte de esos núcleos, ni has estado convencido de esas formas en que los críticos ubican diversos trabajos dentro de un todo. Me parece que tu trabajo, hasta el día de hoy, sigue siendo una isla dentro de España. ¿Puedes decirme cuál es tu posición frente a estos núcleos?

Te diré primero que es difícil pertenecer a una generación inexistente. En un ataque de sinceridad, su virtual creador, Jaime Gil de Biedma, confesó, dentro de una entrevista, a Jesús Fernández Palacios, que, propiamente, la invención generacional había sido una operación de marketing. En cuanto a mí, el asunto es muy simple: yo no me acerqué a ellos y ellos no se acercaron a mí, un poeta provinciano. Pero la falsedad generacional es aún más evidente si advertimos que dos de los incluidos en la supuesta generación (me refiero a Claudio Rodríguez y a Valente, los dos poetas españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XX) no compartían o, en el caso de Valente, dejó de compartir, la poética que el grupo postulaba. Concretando más: poéticamente, los llamados del 50 eran solidarios con la pobreza. Yo no: yo, simplemente, era pobre.

Junto al panorama latinoamericano, son pocos los poetas españoles que seducen, muy pocos como tú que han renovado o ampliado el ejercicio de la poesía escrita en español. Pienso en José-Miguel Ullán, José Ángel Valente, Leopoldo María Panero, y de alguna forma más incompleta en Eduardo Haro Ibars y en Claudio Rodríguez. ¿Qué ha pasado con la poesía española? ¿Cuál es su vitalidad y cuáles son sus debilidades?

Su vitalidad, dicho sea con pocas palabras, es débil y fragmentada. Por un lado están los epígonos “realistas” (la conocida como poesía de la experiencia), epígonos de los componentes realistas del 50; por otra, jóvenes poetas que buscan una renovación desde el desconcierto. Confío, no obstante, en ellos. Hay, naturalmente, excepciones individuales muy positivas. La desaparición de los poetas que has nombrado y de alguno más, es, muy probablemente, determinante de las que tú dices debilidades.

Si un poeta sabe cuándo empieza y cuándo concluye un poema, sólo por sus intuiciones, ¿puede un poeta saber cuándo ya no hay más poesía dentro de él? ¿Cuándo es el momento preciso para dejar de escribir?

Difícil precisión, en particular para el propio poeta. Yo he visto cómo Dámaso Alonso intentaba dar a escondidas un papelillo —con un poema, claro a no sé quién, y como su mujer, Eulalia, se lo quitaba de las manos. Otro tanto hacía Jorge Guillen. Poetas, uno y otro, grandes en su día. En cuanto a mí, aun no teniendo su tamaño, ya me gustaría, confío en ser más consciente. Por si acaso, tengo pedido a amigos jóvenes, especialmente amigos y especialmente capaces (a Miguel Casado, por ejemplo), y a mi hija mayor, Amelia, que lo es también, tengo pedido, decía, que, si es necesario, me encierren. Espero que no tengan que tomar tan cruel decisión.

ANTONIO GAMONEDA

Antonio Gamoneda (Oviedo, España, 1931) reside en León, España. A los cinco años aprendió a leer en un libro de poemas escrito por su padre, ya fallecido, descubriendo simultáneamente los signos de la escritura y la naturaleza del lenguaje poético. Entró a trabajar en una entidad bancaria al cumplir catorce años. Activo en la oposición clandestina a la Dictadura hasta 1975, abandonó la banca en 1969, y durante tres décadas dirigió la cultura provincial y la Fundación “Sierra Pambley”, vinculada ésta a la Institución Libre de Enseñanza.
Ha publicado catorce libros de poesía y una veintena de antologías, y, recientemente, sus memorias de infancia. Es autor también de tres libros de ensayo sobre poética. Sus poemarios y antologías están traducidos, en desigual número, a dieciséis lenguas.
Entre otros, se le han otorgado los siguientes premios: Castilla y León de Literatura, Nacional de Literatura, de Literatura de la Comunidad de Madrid, Leteo, Prix Européen de Littérature, Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Cervantes, ”Quijote” de las Letras Españolas, de las Letras del Festival Internacional del Reino de León, Ciudad de Barcelona, PEN Club “Rosalía de Castro” y el International “Argana” (reconocimiento de la cultura árabe a poetas de cualquier lengua)
Le han sido concedidas distinciones en Pau (Francia), León, Madrid, Principado de Asturias, Guanajuato (México), El Cairo, Valencia (Venezuela) y San Luis Potosí (México). La Biblioteca del Instituto Cervantes de Frankfurt lleva su nombre. Es doctor honoris causa por las universidades de León, de Santo Domingo - Primada de América (República Dominicana) y Autónoma del Estado de México.

ERNESTO CARRIÓN

Ha publicado más de veinte libros y recibido múltiples reconocimientos, entre los que cuentan: Premio Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2002), Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín (2007), Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade (2008), Beca para Creadores de Iberoamérica Y Haití en México (2009), Mención del Festival Hispanoamericano de la Lira (2011) y Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade (2013)
Ha escrito en poesía una trilogía titulada: «ø», formada por los volúmenes: «LA MUERTE DE CAÍN» que incluye los poemarios: El Libro de la Desobediencia, Carni vale, Labor del Extraviado y La Bestia vencida (Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2007); «LOS DUELOS DE UNA CABEZA SIN MUNDO» formado por: Fundación de la niebla, Demonia Factory, Monsieur Monstruo, Los diarios sumergidos de Calibán y Viaje de Gorilas (Tribal, Perú – Fondo de Animal, Ecuador, 2012); «18 SCORPII: ABIOGÉNESIS» (inédito).
Preparó también el libro Identidades a Plazo [Recopilación de textos de pacientes del Hospital Psiquiátrico Lorenzo Ponce] (CCE, 2008). Es Director de la Corporación Cultural Casa de las Iguanas y Editor General de Fondo de Animal Editores (www.fondodeanimaleditores.com).