Jaime Tamariz dirige Daemon.Luego de un recorrido por un festival teatral en Bogotá decidió -junto a su equipo- readaptar el espacio para microteatro. Foto: Carina Acosta / El Telégrafo Jaime Tamariz dirige Daemon.Luego de un recorrido por un festival teatral en Bogotá decidió -junto a su equipo- readaptar el espacio para microteatro. Foto: Carina Acosta / El Telégrafo

El microteatro, cuando menos puede ser más

guayaquil es la sede del formato escénico

El formato de la brevedad se extiende de a poco. Al teatro en Ecuador le ha llegado su turno. La sede es Microteatro Guayaquil, una casa que inició como oficina de Daemon Producciones hace 5 años.

Está ubicada en la ciudadela Miraflores y en sus 2 pisos se ha dividido y adaptado para utilizar 4 de sus espacios -con capacidad para 10 y 15 personas- y alternar en ellos propuestas teatrales que surgen en la ciudad. ¿La duración? Pues cada una tiene máximo 15 minutos. Su impacto está en la experimentación con el público.

La pieza breve existe en el teatro desde hace mucho tiempo. Con el tiempo se han generado distintos formatos, como el café teatro. Sin embargo, paradójicamente, su modelo de producción surge a partir de la crisis, en España.

En 2009, varios espacios teatrales se vieron afectados por la crisis y su única salida fue cerrarlos. Es así que un conjunto de actores alquiló una casa en Madrid, que anteriormente funcionaba como prostíbulo, por lo que estaba llena de habitaciones pequeñas. Los actores la usaron para hacer teatro en cada una de ellas.

Poco a poco este formato de producción se ha ido moldeando y adaptando a nuevas realidades y propuestas culturales. En Miami, por ejemplo, se hace microteatro en contenedores. En Bogotá existe Casa Ensamble.

Su adaptación en Guayaquil

Finalmente, lo que importa es generar propuestas y otras formas para ser espectador.

Según el director de Daemon Producciones, Jaime Tamariz, la idea del microteatro tiene como propósito no solo ser una producción ejecutiva, también es un espacio de experimentación.

El montaje de distintas obras inició en agosto y su primera temporada cerrará en noviembre. Cada obra ha tenido como máximo 4 semanas, a diferencia de una programación teatral en un espacio más grande en el que la obra está normalmente un fin de semana. Para el próximo año se trabaja en nuevas propuestas que se incorporarán al espacio.

Las obras son tan variadas como los públicos que llegan al lugar, pues  en las 3 o 4 funciones que se realizan de miércoles a viernes, cada semana, los espectadores se ven inmersos en la obra, por la cercanía que pueden tener con los actores.

Ejemplos sobran. Uno de ellos es el hombre al que los administradores del espacio debieron sacar, pues quedó impactado con la interpretación de Alejandra Paredes en ‘Vis-á-vis’. Otro es la forma en la que Marcelo Varas trabajó su obra, con asistentes sentados en la mesa, representando a su familia.

Según Tamariz, hay un interés por el tema de la inmediatez, con formatos como los de la red social Twitter. En el microteatro el costo de producción es bajo, pero la calidad es alta. “Apuntas a algo específico, yo lo relaciono con el formato del cortometraje y el largometraje en el cine. Con este formato la obra se presta para apostar por una experimentación distinta”, señaló.

Además, se ha convertido en un espacio de diálogo, pues los asistentes comentan entre los espacios de tiempo de la obra lo que han visto.

“Yo crecí en un Guayaquil que era muy árido en temas culturales, a pesar de gente que le ha hecho a la lucha. Este es un buen momento para Guayaquil en artes escénicas porque los guayaquileños están conscientes de que la ciudad también se mide por su producción cultural y que es necesario acercarse y consumir su propia cultura”, manifestó Tamariz.