Investigación, literatura y canto en un Espejo Fotos: John Guevara / El Telégrafo

Investigación, literatura y canto en un Espejo

El científico guayaquileño Manuel Cruz, el escritor cuencano Jorge Dávila Vázquez y la soprano Beatriz Parra Durango recibieron el Premio Nacional Eugenio Espejo 2016, la mañana de ayer. El reconocimiento a sus trayectorias incluye una pensión vitalicia mensual correspondiente a 15 salarios mínimos, además de una medalla, un diploma y $ 10 mil. Uno de los ganadores fue elegido por la sociedad civil.

El científico Manuel Cruz Padilla recibió una llamada inesperada la semana pasada. Una voz con acento costeño le anunciaba que era uno de los ganadores del Premio Eugenio Espejo y él, riguroso y humilde, no terminaba de creerlo. Entonces le sobrevino el recuerdo de sus décadas de dedicación, y lloró.

La mañana de ayer, el profesor de Zoología de la Universidad de Guayaquil —con 42 años de experiencia a cuestas— decía que “el mayor gusto que un profesor puede sentir es ser una referencia para sus alumnos” mientras ajustaba el nudo de su corbata en el patio principal del Palacio de Carondelet, cerca del Salón Amarillo, donde fue condecorado por el vicepresidente de la República, Jorge Glass, y felicitado por la voz que le dio la buena noticia, la de Raúl Vallejo, ministro de Cultura y Patrimonio, quien también preside el Consejo Nacional de Cultura.

La esposa del científico, María Luzuriaga, lo acompañaba para la ceremonia, al igual que en sus actividades profesionales. La pareja es parte de los fundadores del Instituto Oceanográfico de la Armada (Inocar) y procreó 3 hijas y un hijo, ninguno de ellos siguió su profesión —la de exploradores en aguas profundas—, sino que se inclinaron por las telecomunicaciones, los sistemas, la publicidad y la economía.

En los pasillos del Palacio, la soprano Beatriz Parra también recordaba a su hija, nietos y a su madre fallecida antes de recibir el Premio, que le dedicó a Guayaquil, ciudad en que creció y encantó con su voz pese a haber nacido en Riobamba.

“La vida es un desafío. Día a día se hace camino al andar”, decía Parra, quien ha cantado durante medio siglo con acento guayaquileño. “Ahora me siento con más fuerza para luchar por la gente que se dedica al canto lírico, por los músicos en general. Este reconocimiento es un valor especial para que apoyen a los artistas que siguen trabajando, incansablemente”.

Parra es una cantante que destaca por su interpretación operística de piezas como Triste, de Ginastera, o el  pasillo —sobre una poesía de Medardo Ángel Silva— 'Se va con algo mío', de Gerardo Guevara.

Con su acento cuencano, el escritor Jorge Dávila Vázquez —quien ha dedicado 48 de sus 62 años a trabajar por la literatura y la difusión de las artes— fue el encargado de representar a los galardonados pronunciando un discurso ante los asistentes a Carondelet.

En 2011, Dávila Vázquez ya había sido candidato al Premio Eugenio Espejo. Entonces, un joven poeta sangolquileño, Andrés Guamán Freire, a quien el cuencano no conocía, lo apoyó públicamente y creó una página de adhesión en la red social Facebook. Este año, el poeta se convirtió en el primer candidato de la sociedad civil en hacerse con la condecoración. “El cultivo de un don es lento y penoso. Los casos geniales y tempranos, Mozart o Rimbaud, brillan por su rareza”, dijo antes de la investidura, junto a la pileta del Palacio presidencial. “Con toda modestia, yo no he trabajado para un galardón”, aclaró el escritor, quien ostenta el mérito exclusivo de haber obtenido en 2 ocasiones el Premio Aurelio Espinosa Pólit y otro reconocimiento que lleva el nombre de quien fue su tío, el poeta César Dávila Andrade (1918-1967).

Hace 4 décadas, la novela María Joaquina en la vida y en la muerte —que, por su aniversario, tendrá un lugar especial en la próxima Feria del Libro de Guayaquil— mereció el Espinosa Pólit y, ahora, Dávila se dedica a la narrativa y poesía para niños, al igual que el teatro, con obras como Penélope, que la actriz Juana Estrella pone en escena en una gira a lo largo de todo el país.

“El apoyo institucional es muy importante. Uno empieza por sostenerse en las instituciones y acaba apoyándose en empresas. El trabajo artístico necesita estímulos”, decía el sobrino de 'El Fakir'. También sostuvo que ama a la literatura tanto como a sus seres más queridos, “casi como si fuera un ente vivo, que anduviera a mi lado, respirara junto a mí, me hiciera compañía, día y noche, volviéndose inseparable de mi existencia”. La constancia es la característica de los más recientes premiados y el poeta dijo que “si el arte no es más que un pasatiempo de fin de semana, una forma de descanso, de frívola o convencional expresión de sentimientos, no vale la pena seguir este camino”, uno en que ‘los Espejo’ buscaron a receptores, lectores y aprendices con un tipo de paciencia que exige sacrificio.

Vallejo había tomado la palabra en el salón que contiene los retratos de los presidentes, diciendo que “el máximo galardón se confiere a quienes han entregado su vida a la creación y a la investigación”. Jorge Dávila, Beatriz Parra y Manuel Cruz lo escuchaban nostálgicos.

“Cada uno, por cierto, ha construido un estilo de trabajo. Unas rutinas propias para cultivar aquello que conocen, aquello que aman”, decía el Ministro, quien caracterizó la labor de los premiados como “un trabajo solitario, enredado en silencios y retiros para producir su obra, introducir una armonía y descubrir, en los océanos, el milagro siempre asombroso de la vida”.

La autocrítica también fue nombrada por los premiados por sus oficios artísticos. Este último término fue explicado por el autor del cuentario Este mundo es el camino: “El artesano es una respetable figura, que se ocupa de una manera casi familiar de la producción de elementos que tienen un carácter estético. Él conoce los mecanismos expresivos, el manejo de los materiales, los secretos de sus logros. Lo cual le toma mucho tiempo conocer, incluso puede tomarle la vida entera”.

El oficio de los Eugenio Espejo, por tanto, estaría opuesto a lo repentino e improvisado, pues exige dedicación devota, obstinada.

En cuanto a la cuestión de si los artistas y científicos nacen o se hacen, Dávila Vázquez cree que se nace con cierta predisposición en la representación, acaso realista, de la realidad, y en su abstracción. “Todos tenemos un don imaginativo, una inteligencia y somos capaces de combinar, de seleccionar apropiadamente los elementos que constituyen la obra de arte. El literato es como un niño que no culmina su proceso de atención, de desarrollo del oficio”, y así los cientistas.

Glass señaló que la sed por nuevo conocimiento es una característica fundamental de quienes han recibido el Premio Eugenio Espejo. (I)

DATOS

El Premio Eugenio Espejo se instituyó en 1975, durante el régimen de Guillermo Rodríguez Lara. Desde entonces se han entregado 94 condecoraciones a 84 personas y 10 instituciones sobresalientes en los campos de la cultura, la literatura y la ciencia.

Beatriz Parra Durango recibió el galardón en la categoría creaciones, realizaciones o actividades a favor de la cultura o de las artes. Jorge Dávila Vázquez en creaciones, realizaciones o actividades literarias y Manuel Cruz Padilla en creaciones, realizaciones o actividades científicas.

Este año el Consejo Nacional de Cultura abrió una nueva modalidad de postulación, incentivando la participación de la sociedad civil. A través de esta se recibieron 24 candidaturas. Entre las figuras nominadas estuvieron postulados el poeta guayaquileño Hernán Zúñiga y el esmeraldeño Antonio Preciado.

Luis Fernando Fonseca

(Quito, 1988) Periodista. @LuifinoFonseca