España, un año marcado por la pluma de Cervantes

Puede que no exista mayor contraste que el del género entre el dramaturgo castellano Francisco Nieva, fallecido el pasado 10 de noviembre a los 91 años, y la directora del Ballet Nacional de España, la catalana Aurora Pons, a quien el alzhéimer se llevó para siempre el 4 de enero con 79 años. Hombre y mujer, un escritor irónico y una bailarina sutil, un Pirandello español y una Pavlova con aires flamencos. Cada uno en su ámbito, Nieva y Pons han sido dos figuras tan relevantes que su desaparición ha concitado la unanimidad del mundo de la cultura, cada día más huérfano de referentes artísticos, para que no se pierdan en el olvido.

Porque Francisco Nieva ha sido, quizá, el autor de teatro más fascinante del país desde Valle-Inclán. De hecho, el estreno en 2010 de su obra Tórtolas, crepúsculo y... telón, escrita en 1953 bajo las estrecheces creativas de la dictadura franquista, fue un compendio tan perfecto entre la modernidad irónica y la ternura clásica que el propio autor, ya frágil de salud, tuvo que contener el llanto para que sus lágrimas de emoción no inundaran las primeras filas de un auditorio puesto en pie. Definido por el director de escena Juan Carlos Pérez de la Fuente casi como el último renacentista español, «porque era dramaturgo, pero también escenógrafo, ensayista, autor narrativo, dibujante y adaptador de grandes escritores», el testamento que dejó este lúcido esteta manchego, como Don Quijote, es extraordinario. Académico de la Real Academia Española (RAE) desde 1990, donde ocupó el sillón J, su prolífica producción literaria le aportó dos galardones nacionales de teatro, uno de literatura dramática y el último y más emotivo, el Premio Valle-Inclán, recibido cinco años antes de su muerte. También logró el premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1992.

Más discreta fue la marcha de Aurora Pons, la más innovadora y excepcional bailarina que jamás ha producido España, a los pocos días de arrancar este 2016 que ya agoniza. Infinidad de compositores clásicos, coreógrafos, escuelas de flamenco, estudiantes, ballets de fama mundial como el de la Ópera de Sofía, pero sobre todo el Ballet Nacional español, del que fue directora, y el gran Teatro del Liceo barcelonés, que la convirtió en su bailarina principal a los 16 años, tienen una deuda eterna con esta mujer que se volcó en favor de la danza. «Si amas el ballet debes ser innovador. Es la única manera de evolucionar», afirmó Pons alguna vez.

Su fama llegó a ser inmensa entre quienes envejecieron bailando con ella, sobre todo a partir de 1953, cuando triunfó con un apoteósico El lago de los cisnes, y más tarde con memorables protagonismos en Las sílfides, El amor brujo y Tapices de Goya. En 1962, le tributaron un homenaje como tierna excusa para entregarle las tres máximas condecoraciones en esta disciplina artística de España: la Medalla de Oro del Circulo de Bellas Artes de Madrid, la de la Diputación de Barcelona y la del Gran Teatro del Liceo, concedida por primera vez a una bailarina. En 1978 fue persuadida por el gran Antonio Gades para que hiciera una selección de los mejores bailarines del país y se convirtiera en su maestra de clásico como garantía de éxito y levantar el telón del Ballet Nacional de España. Considerada por los expertos como una de las cincuenta mejores bailarinas del siglo XX gracias a una técnica académica depurada y a la potencia que imprimía a sus movimientos, Aurora Pons abandonó los escenarios en 1979 para hacerse cargo, primero, de la Escuela Superior de Danza y, más tarde, de la Compañía Nacional de Ballet a la que transformó en un laboratorio vanguardista del que salieron estrellas mundiales de la talla de Joaquín Cortés y Lola Greco, entre otros.

Un firmamento al que no tardará en llegar el escritor Sergio del Molino, un joven madrileño de 37 años que este año ha dejado atrás el calificativo de «promesa» con su libro La España vacía. Viaje por un país que nunca fue, un ensayo sobre la despoblación rural que se produjo en los años cincuenta y que dejó algunas zonas del país convertidas en territorios desolados con tintes fantasmagóricos. Seis ediciones se han realizado de un libro premiado por los libreros de Madrid y elogiado por escritores consagrados como Antonio Muñoz Molina. Del Molino retrata esa España que se divisa a distancia desde las autovías para evitar su leyenda negra, la que Luis Buñuel y Pedro Almodóvar convirtieron en escenario costumbrista y la que los políticos olvidan cuando llegan al gobierno. La innovadora propuesta de Sergio del Molino es un viaje posmoderno a la España interior y llana que recorrió el Quijote.

Y lo presenta justo en el año más cervantino de la historia, el del cuarto centenario de la muerte del autor del Quijote, que ha marcado la agenda cultural de España desde el 1 de enero. El abrumador programa conmemorativo, que en algún instante alcanzó el grado de sobredosis, proporcionó a miles de ciudadanos la oportunidad de adentrarse en territorios literarios que hoy reposan arrinconados en las esquinas gloriosas de una biblioteca. Con festivales de teatro en casi todas las ciudades y lecturas concatenadas en cada uno de los idiomas a los que se ha traducido la obra del escritor español más universal en buena parte de las bibliotecas públicas, estos 400 años han permitido a Miguel de Cervantes conquistar, desarmado pero tan vivo como nunca, una lengua que crece como el río Amazonas.

Especialmente emotivo fue el homenaje tributado al creador del valeroso Alonso Quijano el Bueno, que se rebautizó Don Quijote, en el acto central del mayor fenómeno cultural del año en España, la capitalidad europea que ha detentado la ciudad vasca de San Sebastián. Bajo el reclamo «Cultura para convivir», más de 500 actos, entre exposiciones, actuaciones, música y recuerdos sentidos a los dos símbolos literarios de 2016, Shakespeare y Cervantes, llenaron un año frenético que arrancó el 20 de enero y se cerró oficialmente el 17 de diciembre con el convencimiento de que la cultura puede cambiar el estado de las cosas. Al menos es el aroma indestructible que ha impregnado San Sebastián.

Modificado por última vez en Viernes, 06 Enero 2017 09:32