Pablo Barriga: Artista continuo, pero no lineal

El 12 de junio de 1987, Pablo Barriga anunció en una nota cultural de Diario Hoy que realizaría una acción denominada Homenaje a Van Gogh. Motivado por el remate que en ese año se produjo de ‘Los Girasoles’, en $ 39,9 millones, el artista quiteño convocó a una subasta inversa para vender uno de sus cuadros que se exponían en la galería Pomaire. El menor postor, quien debía argumentar por qué proponía la más baja oferta, fue quien se llevó la obra.

Este ejercicio cuestionaba la irónica transacción del trabajo del pintor neerlandés, quien en vida apenas vendió un cuadro. Homenaje a Van Gogh, como otras de sus obras de la época, ubicaba a Pablo Barriga como un sujeto liminal y pionero dentro del arte ecuatoriano contemporáneo, y como alguien que permanentemente interpelaba, sospechaba de las instituciones del arte.

«Artista y escritor. Profesor. Visitante de parques. Nadador. Lector. Caminante». Pablo Barriga (1949) es definido así por Pamela Cevallos, quien además de haber sido su colega y alumna en la Universidad Central, es la curadora de la muestra antológica de su maestro, quien ganó el Premio Nacional de Artes Mariano Aguilera a la Trayectoria en 2015, tras haber sido propuesto para este galardón por No Lugar. La exposición estará abierta hasta el 28 de febrero de este año, en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) de Quito.

El proceso de curaduría, que Pamela remarca que se hizo en conjunto con Pablo Barriga, inició hace un año, cuando llegó el reconocimiento. El jurado que lo premió —compuesto por Lucas Ospina (Colombia), Cecilia Delgado (México) y Manuel Kingman (Ecuador)— dijo del artista que «ha mostrado interés por todas las formas del lenguaje, desde sus inicios con el colectivo literario Bufanda del sol, a comienzos de los años ochenta, hasta su exposición Pintura de pared, de 2012, en que usó pinturas de otras épocas, de su autoría, para cubrirlas con un solo tono de color y generar una nueva serie aun a costa de sí mismo. Este ocultamiento dramático y jovial de unas obras a partir de otras puede servir de metáfora para su actividad, así como Barriga usa sus pinturas viejas como base para hacer nuevas imágenes, algunos de los gestos de este artista han abierto espacios y dejado bases para que otros también puedan participar de los juegos que propone el arte».

Durante el año que tomó la curaduría, cuyo objetivo era indagar en la trayectoria del artista desde los años setenta hasta la actualidad, Pamela se sumergió en todos los archivos disponibles de Barriga, incluso en aquellos que no son públicos. «Él siempre ha tenido la postura de usar el archivo como un registro propio, no para difusión. Es como una manera de tener una memoria e ir cerrando procesos; ha sido muy autocrítico», dice Pamela, quien junto con Pablo dividió la muestra por lenguajes, en tres pabellones: Pintar, Actuar y Leer.

Sin embargo, un elemento en común que atraviesa a la exposición es el diálogo de Barriga con el conceptualismo, el cual surge con fuerza en Estados Unidos y Europa en los años sesenta, y que en América Latina, en los años ochenta y noventa, se lo asume como una serie de prácticas diversas vinculadas al cuestionamiento institucional.

Es ahí donde se localiza Barriga, en su relación crítica con el mercado del arte, con el museo, con la política cultural. «Otro elemento que tiene que ver con el conceptualismo es la relación con el texto, con la palabra, con intervenciones en la prensa. Pablo fue articulista de Diario Hoy y aprovechaba ese espacio para insertar aspectos críticos sobre su obra y su entorno. La línea del conceptualismo es amplia, abarca muchas prácticas; es, por ejemplo, pensar el proceso por sobre el resultado, entonces no es tan importante el final o la pintura de contemplación, sino todo el proceso», apunta Pamela.

El primer pabellón abarca la obra pictórica de Barriga que arranca en los años ochenta y está acompañada de recortes de prensa que marcan una especie de genealogía de sus exposiciones. En esta sala, que contiene todas las obras existentes (muchas se han ido perdiendo, otras han sido reutilizadas por el artista), se observa los tránsitos que hace del arte abstracto hacia el arte figurativo, pues lo que más le interesa es la exploración de los lenguajes, la reflexión de los conceptos y el uso de variados soportes como medio de expresión. A Barriga no le preocupa pasar o regresar de un estilo a otro, pues lo que menos se propone es estancarse en un formato.

En su obra visual también queda explícito su discurso crítico frente al mercantilismo del arte y al arte decorativo. En uno de sus textos Barriga dice, con referencia a la obra de Endara Crow, Guayasamín o Kingman, lo siguiente: «La pintura es para el pintor la medida de su existencia. Pinto, luego existo podría haber dicho Descartes. El compromiso es mantenerse serio y no ofrecer concesión alguna. Se pinta en acción directa con la vida y eso ensordece a cualquier canto de sirenas. Que no haces arte comercial por andar pensando mucho, que no hallan técnica en tu obra porque no leen el abstracto, que no usas el dibujo como en las antiguas Academias, que lejos estás del arte como inversión, que —por tu bien— ponte una fábrica de tejidos de colores o pide consejo para retratar manos artríticas. De otra manera, Pablo, nunca llegarás a ser un monstruo en la pintura».

Barriga busca motivar la capacidad de interpretación en los espectadores, más allá de la noción de contemplación. Trabaja sobre conceptos provenientes de la historia del arte y los pone en tensión con el presente. No hace bocetos, no dibuja, su pintura es directa, conceptual, dialogante. Entre las figuras que habitan sus cuadros están personas que viven en los márgenes de lo que suele entenderse como «realidad»: una enana embarazada o un manco con guitarra.

«Le interesa mucho la abstracción —reflexiona Pamela— como una postura radical frente a lo que estaba pasando en la pintura en ese momento, donde predominaban los neofigurativos (Los Mosqueteros). En el 84 viaja a Londres para hacer estudios de posgrado y cuando regresa su obra se hace cada vez más abstracta y es leída en sintonía con el neoexpresionismo y la transvanguardia italiana. Si en Europa pasaba eso, él estaba haciendo esa manifestación aquí, ligado mucho con la práctica de Marcelo Aguirre o Luigi Stornaiolo. A Pablo se lo llega a llamar el ‘nuevo salvaje’. Él rompe totalmente con la idea del estilo. Los críticos estaban esperando que siga en la misma línea de creación, que es lo que pasa con los artistas modernos, como Tábara o Guayasamín, quienes generaron una línea y ahí se mantuvieron. Pero Pablo no. Al contrario, él cometió el más grande pecado: pasarse de la abstracción a la figuración. No le ha interesado el estilo, sino la experimentación. Pero la experimentación ya como resultado y no como experimento para llegar a un fin».

El proceso de creación de Barriga ha sido tan autocrítico que ha tenido la necesidad de ir reciclando sus trabajos. Ha pintado sus nuevas obras por encima de otras viejas, tanto así que ahora sus cuadros son escasos y los únicos que quedan son los expuestos en el CAC, donde hace más de veinte años el artista ocupó ese espacio entonces abandonado y destruido como taller.

«En 1995 Pablo Barriga produjo proyectos en los pabellones de este mismo espacio desde donde hoy hablamos; en este sitio, antes de ser el Centro de Arte Contemporáneo, el artista articulaba su producción con la memoria anterior de un sitio que en ese entonces estaba abandonado y ruinoso. Hoy este espacio no solo está recuperado, sino que también recupera historias, el sentido de este premio es reconocer la práctica de personas como Barriga: si este artista insistió tanto sin contar con un reconocimiento fuerte de la institución arte, él y otros tienen posibilidades de seguir repercutiendo en el medio artístico ecuatoriano. Estamos ante un comienzo auspicioso», comentó el jurado al respecto.

En el segundo pabellón dedicado al arte acción se recopilan, en audios y videos, las intervenciones de Pablo Barriga en el espacio público. Se presenta un acercamiento a estos trabajos mediante el testimonio oral del artista sobre cinco de sus obras más representativas: ‘Tricolor’ (1988), ‘Mordaza a la cultura’ (1993), ‘Barcos de papel’ (1993), ‘Barrida’ (1995) y ‘Pan con cuento’ (2006). También se proyecta, en el fondo de la sala, el documental Aquí estoy otra vez (2016), un «retrato vivencial del artista».

El jurado del Premio Mariano Aguilera, al comentar esta faceta del artista, indicó: «Las acciones de Barriga en la vía pública, poco registradas, casi efímeras y que solo años después fueron clasificadas bajo el anglicismo del performance, hasta piezas de sitios específicos, por fuera de los radares de los espacios habituales donde debía suceder el arte, fueron actos de lenguaje que mostraron que otra vida era posible. Más allá de un manido y predecible indigenismo o del canon de producción de fetiches tan propios de un sistema mercantil, Barriga se aleja de la zona de comodidad y de la cárcel del estilo».

Cevallos considera que Barriga es uno de los pioneros del arte-acción, al que no lo denomina performance, pues él ha hecho acciones en su vida porque las ha necesitado, no porque sea un performer. Siempre se ha movido por motivaciones personales, por la necesidad de expresar algo.

En una de sus acciones más emblemáticas, ‘Mordaza a la cultura’, el artista aparece con la cara pintada de blanco en la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE), mientras amordaza el busto de Benjamín Carrión con cintas también blancas. Envuelve el rostro del padre del proyecto de la «pequeña gran nación» para provocarle un silencio forzado, como respuesta a las políticas neoliberales que, en ese momento (1993), afectaban al país y al funcionamiento de la CCE. El gesto de pintarse la cara de blanco implicaba anular su individualidad y convertirse en el rostro de todos, tal y como sucede con el teatro popular que se realiza, por ejemplo, en el parque El Ejido, con artistas como Carlos Michelena.

Otra de las acciones, en este caso más afectivas, se denomina ‘Pan con cuento’. En uno de los audios de esta sala se escucha la voz de Barriga, quien en primera persona narra ese trabajo: «Me propongo instalar un pequeño negocio en La Floresta. Voy a la panadería y compro veinticinco rosas de agua a $ 0,12 cada una. Voy a la fotocopiadora y pago $ 0,75 por veinticinco copias de un cuento que he escrito. Hago veinticinco sánduches con el pan y el cuento, y los vendo a $ 0,10 cada uno. El negocio me funciona. En pocas horas hay veinticinco personas que leen mi escrito”.

El último pabellón de la muestra antológica está destinado a la escritura, lectura y producción de arte-objetos del autor, quien, a su vez, es un incansable lector de libros, de objetos y de sí mismo. Su carrera literaria fue la que inició más temprano, en 1970, y hasta ahora ha publicado ocho libros: Barriocito y otros cuentos (1974), Cuentos (1979), Tres mujeres lejanas (1980), Historietas (1984), El arte y las palabras (1995), Personalmente/público (1998), Relatos breves (2003), y La amiga imaginaria (2015).

Barriga siempre prefirió el relato breve y, desde sus comienzos, asumió al libro como un soporte de creación, literalmente: pintaba las pastas de blanco y sobre ellas intervenía con otros objetos, como reglas o juguetes. Este ejercicio es similar a cuando pintaba monocromáticamente encima de cuadros anteriores.

En esta sala destaca la relación de Barriga con lo popular y lo kitsch. También se expone la primera y única obra que el artista resolvió a través de fotografías, cuando registró visualmente las casetas donde trabajaban los guardias de seguridad. Y, finalmente, se presenta su obra más reciente, que es una composición de cartulinas Bristol de colores, sobre las que están adheridos pósits. Este es un ejercicio de pensar los colores a través de la materialidad de objetos que son de consumo general.

«Barriga, como buen lector y escritor, también ha revisado archivos históricos, la estrecha escritura de la historia y a punta de imágenes le ha abierto a tajo al canon espacios para otras interpretaciones, su interés y persistencia han sido tan marcados que hoy, con este premio, se le abre un hueco a la historiografía del arte de Ecuador para que incluya a uno de sus más significativos artistas», destacó el jurado del artista quiteño, quien ha sido continuo, pero no lineal. Barriga es el artista del proceso, de la experimentación como mantra.

Pan con cuento’ fue una arte-acción de 2006, hecha en el redondel de La Floresta, donde vive el artista.

Arte-objeto que pertenece a la colección de Rodolfo Kronfle, quien lo prestó para la muestra antológica.

Modificado por última vez en Viernes, 06 Enero 2017 09:33
Fausto Rivera Yánez

(Latacunga, 1989). Periodista, crítico cultural y economista. Fue editor de la revista de cultura cartóNPiedra y de la revista de economía másQmenos. Ha colaborado en diferentes revistas nacionales y extranjeras. Actualmente es editor de la sección cultural de Diario El Telégrafo y forma parte del consejo editorial de la revista Letras del Ecuador, de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Es integrante de la segunda generación de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas.