Paúl Puma: «La mascarada del lenguaje entraña peligros»

B2, el más reciente poemario de Paúl Puma (Quito, 1972) funciona, además, como un prisma capaz de verter diferentes imágenes alrededor de la realidad. No solo porque las lecturas que propone son múltiples —verbigracia: la existencia de una trama literal, la inserción de distintas caligrafías a lo largo del poema, la exploración de la identidad, etc.—, sino porque en la constitución de su material de escritura, Puma ha propuesto concentrarse en una labor de montaje y desmontaje de la palabra, capaz de no limitarla a su campo de significado original, y soltarla, literalmente, a una búsqueda rítmica de significantes.

Armamos un diálogo a partir de algunas reflexiones posteriores a la lectura de B2.

El lenguaje, como relación entre significante y significado, es generador de identidad. En B2, esa relación se derriba de forma continua. ¿Existe una intención de alterar la identidad de quien escribe, a partir de la alteración de su discurso, para poder emitir una voz —otra— para relacionarse con la experiencia que se explora en el libro?

Primero hay una conciencia de la experiencia del lenguaje, eso es importante. Luego, claro, la ruptura (el derribamiento) es propicia mediante la búsqueda de la in/renovación de la palabra poética (el poema, el libro de poesía). Creo firmemente que mi identidad se enriquece antes que alterarse cuando re-crea un personaje (además de ser un libro de poesía, B2 narra, así como en otros libros míos, por lo general, poemas largos). En este caso, un negro constituiría una de las líneas de mi sangre en una voz, diferente pero mía, instalada en mi identidad que, en primera instancia, es intersubjetiva, pero luego se vuelve común. En ese proceso no hay enajenación, más bien un sentido (acto) de alteridad.

Esa alteración del lenguaje, a mi criterio, supera el lugar común de «lo experimental», y parece dirigir el ritmo del poema. Los cortes, las variaciones de caligrafías (lo textual, lo oral, lo matemático, incluso la inserción de pies de páginas narrativos). ¿Cuál ha sido la relación entre ese manejo del lenguaje y el ritmo en B2?

Coincido en que el lenguaje se altera. Sé que suena pedante decir que el poema B2 busca superarse a sí mismo, doblemente, pues se constituye en las dos versiones (variaciones complementarias: díptico y unidad) de un mismo tema: Bettina y Bettina mediante un ejercicio de laboratorio._Concuerdo también contigo en que hay una superación de lo experimental per se que no sé cómo llamar, tampoco me interesa ponerle una etiqueta. Dicha superación está, eso sí, provista de una fuerte carga de responsabilidad frente a la escritura: responsabilidad-rigor para plantear algo distinto. Me afilio a la idea que maneja Raúl Serrano Sánchez cuando considera que la experimentación es pertinente a la situación poética. Él se pregunta si me he servido de las vanguardias del siglo XX y yo digo que sí desde la vía de la comprensión para, al final, refugiarme en mí mismo e intentar ser (va a sonar egocentrista, pero es real desde mi territorio literario particular) Paúl Puma. En ese contexto, la exploración de los lenguajes es evidente y además es un elemento primordial en mis propuestas desde que inicié en 1995 con Los versos animales (ya han pasado más de dos décadas en este esfuerzo por alimentar/descubrir mi propia voz). Los pies de página, más allá de su intertextualidad complementaria o yuxtapuesta, me permiten ampliar el universo del género poético, desbordarlo en el planteamiento de una historia, como dice José Kozer: abarcadora.

La incorporación de otras caligrafías, lenguaje computarizado y matemático; la ubicación de fórmulas de pegar, selección, escape, etc.; la ubicación de fórmulas matemáticas de cálculo y factoreo, ¿qué aporte le dan a B2, o cómo funcionan, para ti, dentro de la experiencia creativa de este trabajo?

En primer lugar, una experiencia deconstructiva única sobre mi propia creación poética. Siempre me interesó la física cuántica y de ahí las fórmulas. Son eficaces los diagramas matemáticos porque plantean una realidad introspectiva en el personaje del poema (parecería que estoy hablando de un género narrativo), o cuando se identifican, por ejemplo, con mi gusto por la astronomía. La mascarada del lenguaje encarna peligro. A José Córdova, el editor de Cacahuesos y de la obra, le pareció el texto «más experimental que le había llegado de mis compatriotas». A Kozer le interesó su «fuerte y seria capacidad de riesgo». Los juegos pirotécnicos dejan de ser tales en el momento en que colaboran con la trama de la historia de manera íntima. Detrás de la mascarada del lenguaje hay un ser humano que quiere ser fiel a su máscara, a su grito.

La base de la creación poética, dice Octavio Armand, reside en la posibilidad de asir la realidad a través de la poesía. En B2, la realidad aparece fragmentada y reiterada. Pienso en la relación humana actual, mediada por elementos fragmentarios y reiterativos, capaces de distanciar, como una ilusión de cercanía. ¿Está presente en tu intención de escritura de B2 un diálogo crítico con esa forma de relación humana actual?

Pienso que sí, porque recupera la instantánea de esa vida actual que nos empeñamos en construir como imaginario de lo real. B2 tiene su escenario en una cabina de internet para buscar un chat. La fragmentación y la reiteración se estimulan en el proceso de una comunicación cortada, pues no hay feedback para el personaje central, lo que me permite emitir el poema. El autor surcoreano Byung-Chul Han habla de los intersticios de la sociedad del cansancio, que ya no permiten mirar hacia las nubes para ver sus formas sino al smartphone y a los nuevos mensajes de una civilización extraviada en una idea del progreso que ha creado la falsa ilusión de cercanía en la que la rapidez no siempre es sinónimo de eficacia. La comunicación no retroalimentada recae en el «cuerpo poético», más que en la voz de un negro (emigrante de Rioverde, Esmeraldas, a Quito) que ha perdido a su mujer y a sus hijos por no haberlos sostenido económicamente. El negro quiere establecer un puente para su exconviviente y para sí mismo: es un acto de expiación inaudita, un alarido del ciudadano común de este país que llegó al paroxismo del desempleo y a los «oficios varios» que lo condujeron a ser el guardia de un condominio. Mi trabajo poético se fuga por esos intersticios, es una puesta en escena de la trágica y fallida comunicación que hoy vivimos.

La estética de B2 parece llevada a un lugar fronterizo donde, a veces, la palabra aparece como innecesaria (el lugar ocupado por las fórmulas matemáticas, por ejemplo). ¿Encuentras autores referenciales tras este ejercicio?

Tengo la impresión de que la palabra desaparece, se vuelve invisible después de su registro; sin embargo, creo que el ideologema es claro y contundente. Ya hice un ejercicio previo con Felipe Guamán Poma de Ayala: hay una política literaria dedicada a una doble comunidad allí, la indígena-la mestiza que se empodera de una realidad y trasciende la denuncia. Ahora he recurrido a la ancestralidad afrodescendiente afincada en el seno de lo urbano para despejar un «teorema» que quizás está signado por lo innombrable, aquello que está a la altura de nuestros ojos pero que no queremos ver: nuestra identidad idiosincrática o nuestra idiosincrasia identitaria.

No hay referencias. Rastros arbitrarios, sí. Es importante decir que estudios como los de Michael Handelsman o lecturas otras, multidisciplinarias (el cine, la antropología, la música, la propia realidad como texto), me han alimentado. Me interesa sobre todo el proyecto de Jorgenrique Adoum como poeta-ciudadano. Puedo hablar de un gesto de Björk así como de una línea de Vicente Luy o de una escena de Carlos Reygadas. También está nuestra poesía que convive con esto que llamamos modernidad: Antonio Preciado, Efraín Jara Idrovo, Macedonio Fernández, Juan Gelman, Roberto Juarroz, Mario Bellatin, entre otros (sería imposible descubrir a todos, pues la fragmentación de la que hablábamos atisba avenencias/rechazos a cada momento). Sin embargo, siempre he dejado pasar un tiempo luego de mis lecturas para encontrarme solo.

Si uno buscara averiguar por la unidad de B2, en dónde creerías que reposa su peso: ¿en el poema como cuerpo integrado por versos, o en los versos como unidades de sonido cuyo sentido parece apuntar a cientos de direcciones?

Para parafrasearte, reposaría en el sentido que implica un cuerpo de versos y en las unidades que comprenden una plena sinergia. Parto del caos y voy al orden en una probeta de laboratorio del lenguaje. Me interesa mucho, aquí, por ejemplo, la idea de entropía asumida como ese extremo grado de desorden (premeditado) que se vislumbra en un sistema. Con respecto a las direcciones estoy a favor del sinsentido por el sentido. Creo que la época de las escrituras automáticas-autómatas ya pasó.

B2 incorpora partes descriptivas en su fondo: en el recorrido mismo del poema, con guiños a una historia entre hombre y mujer, y en los pies de página en los que existe una marcada intención de ubicación no-central, es decir, bordeada por lo que convertiría al enunciador en un subalterno. ¿Cómo se relaciona la poesía, a tu criterio, con estos discursos que vienen desde fuera y que casi están cercanos a la denuncia?

Es un sistema híbrido si quieres algo así como un anfibio. Juan José Rodinás me comentaba que quería escribir un posible artículo sobre B2 titulándolo: el tecnopaisaje anfibio virtual-realista del presente (realmente son enriquecedoras las diferentes lecturas que se puedan hacer de B2). El discurso intertextual (en las notas de pies de página) que albergaría una aparente historia paralela se incluye en el libro-poema y me permite cuestionar, aseverar y aterrizar, si se quiere, en el contexto histórico-social. No habría desde ese punto de vista una subalternidad sino una complementariedad en la narratividad del texto poético. Las notas pertenecen al libro por tanto están dentro de él. Y, con respecto a la denuncia, creo que ya mucho se ha denunciado en el país: mi labor parte de lo testimonial-ficcional (investigué, compuse) y la entiendo como un acto literario, algo así como un performance de la rabia sobre la injusticia del desempleo en el Ecuador, por ejemplo una de las isotopías del poema.

¿Qué relación trazarías entre la memoria (lo que produce el ejercicio de recordar) y la reiteración verbal, numérica o computarizada en tu poemario?

Esta pregunta revela mi propósito mayor: generar memoria con respecto a una época específica y a un personaje (inutilizado por el desempleo, abocado a una labor absurda: «cuidar al ser humano del propio ser humano», la guardianía, un trabajo difícil, sucio dirían muchos), mediante la generación de nuevas herramientas del lenguaje poético (inventos de un laboratorio personal). Hay un planteamiento político que se cuida mucho de no caer en el panfleto: ya vivimos el latrocinio del «sucio neo-liberal-ismo de mierda», el asunto es no permitirnos un «alzhéimer colectivo» y elegir equivocadamente sobre todo en estos tiempos de coyuntura electoral.

Tengo la impresión de que Ecuador es hoy un país bastante ordenado: leyes, vigilancia, sanciones por todos lados. Tu poemario, por el contrario, se escribe, tomando una observación general de Montalbetti, «fuera de la lengua», es decir, en contra de ese poder ordenador. ¿Identificas alguna tensión —ética o moral— entre B2 y el momento actual que vive el país?

Estoy de acuerdo con que el libro actúe contra cualquier poder ordenador pero estoy plenamente de acuerdo con que mi libro actúe frente a ese poder explotador, cínico y de payasería que por ejemplo tuvimos los ecuatorianos cuando gobernantes fugaron del país luego de casi haberlo destruido.

¿Qué diálogos podrías trazar entre B2 y la poesía ecuatoriana más reciente?

Leo lo que puedo. He leído con mucho agrado Sacra de Alexis Naranjo, Estereozen de Juan José Rodinás, Al sur del Ecuador de Edwin Madrid, varios libros de Juan Secaira, uno que otro libro de Pedro Gil, por citar algo. Me interesa mucho el diálogo que se pueda establecer con escritores contemporáneos ecuatorianos. José Córdova dice que en este país hay gran poesía pero está dispersa. Yo creo que hay un egoísmo que puede ser hasta cierto punto entendible (tal vez a causa de la precariedad y el desamparo en que se mueve el escritor ecuatoriano en estos días), pero lo que no entiendo es la indiferencia (no se lee al otro, se lo juzga sin conocimiento de causa) y creo que eso es imperdonable.

Modificado por última vez en Miércoles, 01 Febrero 2017 10:42