Las cerámicas y los rellenos de cascajo bajo la plaza de San Francisco (V)

La Plaza de San Francisco era distinta, y no hablo de las mallas que rodean la prospección (466,77 metros cuadrados) ni de lo que hay bajo la tierra, sino de la ubicación de la cruz de piedra: estaba frente a las escalinatas, ahora está en una esquina, mirando hacia el letrero del Hostal Residencia Sucre, en Bolívar y Cuenca. La fuente, que en Quito se llama ‘pileta’, también ocupaba otro lugar y, alguna vez (a lo largo del siglo XX), hubo un monumento de piedra al Padre González Suárez. Estos cambios de sitio fueron las ‘intervenciones modernas’ que la arqueóloga María Aguilera determinó.

Es decir que la Declaración de Patrimonio Cultural de la Humanidad que hizo la Unesco, apenas pasados tres cuartos del siglo XX, no determinó que hubiera un plan arqueológico complejo, uno que diera más luces sobre el pasado que los debates entre historiadores y algunas lecturas.

El 17 de febrero de 2016, 7 meses antes de que salieran a la luz las fotos de la excavación, el alcalde Mauricio Rodas habló sobre un estudio de prospección realizado en San Francisco «que estableció que no existen vestigios arqueológicos importantes en este sector». Lo dijo en una de las ‘entrevistas radiales’ que suele dar semanalmente, entrevistas sin réplica alguna.

Se trata del Informe final del Proyecto —dirigido por Marco Vargas— titulado «Rescate Arqueológico de la estación del Metro de San Francisco, Provincia de Pichincha, Ecuador», cuyos coautores son cinco. En ese documento —que se puede encontrar en la dirección web metrodequito.gob.ec—, se cita el trabajo de Aguilera:

En el año 2012 se realiza una prospección arqueológica en las estaciones y áreas que serían afectadas por el trazado del Metro de Quito. De entre las áreas estudiadas, San Francisco, ubicada como Zona SO, el estudio se basó en dos transeptos [nave transversal que cruza la nave mayor y da a las iglesias y catedrales la forma de una cruz latina] ubicados con estación total, pruebas de pala y cateos. En el sector norte las pruebas de pala demostraron la presencia de su suelo arenoso con inclusión de gravilla para nivelar el terreno, más abajo un suelo oscuro con inclusión de fragmentos pequeños de ladrillos, depósito que es mucho más superficial en el sector Sur. Se conoció la diferencia del espesor de los rellenos. Las evidencias culturales estaban fuera de contexto. (sic)

Luego de evaluar el informe de Vargas, el INPC solicitó a la Empresa Pública Metropolitana Metro de Quito (Epmmq) ampliar y sustentar su contenido. Para estos fines se emitieron dos oficios: El primero fue enviado el 30 de septiembre de 2016 y hablaba de «planos y plantas de hallazgos con ubicación y orientación; identificar la temporalidad de los hallazgos por fases de construcción; interpretación del desarrollo histórico de la plaza; resultados radio carbónicos y botánicos faltantes». El segundo oficio tiene fecha 4 de octubre de 2016 y solicita «profundizar los resultados y recomendaciones del programa de monitoreo arqueológico de la estación Plaza San Francisco del Metro de Quito».

El INPC recibió el informe de Vargas dos días después de que cinco activistas engañaran a uno de los guardias de la prospección haciéndose pasar por funcionarios del Metro de Madrid, en lo que fue una treta reveladora y determinante.

Mientras busco la ampliación del informe cuestionado, vuelvo sobre las páginas que dejó la «Prospección Arqueológica de cinco estaciones y cuatro áreas especiales del trazado del Metro Quito», el legajo que lleva la firma de Aguilera y que me recomendó leer Diego Velasco, uno de quienes se coló en el cerco que ahora es parte de la plaza.

Aguilera incluyó una ‘Interpretación de los datos del análisis cerámico’. Las figuras de barro halladas en el área prospectada de la estación San Francisco fueron «relativamente abundantes»: hay registros de dieciséis fragmentos diagnósticos de cerámica aborigen y 44 fragmentos de «cerámica colonial diagnóstica». Así lo desglosa la arqueóloga:

A partir de los fragmentos de cerámica aborigen se han identificado tres clases formales: seis cuencos, cinco ollas y un cántaro. De ellos, dos cuencos y una olla (...) posiblemente están afiliados a las formas y fase cultural Chilibulo. Su asociación con la cerámica colonial en este mismo cateo y nivel podría estar indicando la convivencia de los portadores de esta fase cultural con los españoles, habitantes de la ciudad de Quito, durante los primeros periodos de la Colonia. Sin embargo, esta asociación es muy frágil, debido a que no está contenida en un contexto cerrado.

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El informe de Vargas, que motivó un pronunciamiento del Alcalde, tiene un apartado que originó discordia dados los vacíos históricos de los que hemos hablado. Es el que alude al proceso de formación de la Plaza de San Francisco, que pone en entredicho los fragmentos citados anteriormente, y en el cual se explica que la excavación:

Ha permitido confirmar de manera concluyente la inexistencia de una ocupación prehispánica, pues no se encontró un estrato que pueda asociarse a ese periodo, no obstante, de recuperar fragmentos de cerámica con características aborígenes (...), esto no tiene nada de novedoso, pues se evidencia la supervivencia de rasgos aborígenes, superpuestos con elementos españoles o coloniales, evidenciando un claro sincretismo y cambio hacia un nuevo orden social y tecnológico. (sic)

Este estudio de los estratos arqueológicos (estratigrafía) devela que hubo una serie de rellenos, 231 de cascajo o piedra (chispa), aparecidos en el siglo XX. [Continuará]

Modificado por última vez en Martes, 09 Mayo 2017 10:36
Luis Fernando Fonseca

(Quito, 1988) Periodista. @LuifinoFonseca