Rodolfo Muñoz: «J. J. es un mito que sigue vigente»

«Música para cocineras». Hubo un momento en el que se habló así de los temas que cantaba Julio Jaramillo. El ‘zorzal criollo’, símbolo de nuestro país, suele ser recordado, sobre todo, como un bohemio. Pero son muchos los aspectos que desconocemos de la vida de este artista, que luego de cruzar las fronteras del Ecuador fue dejando una estela por todo el continente. Hoy, el personaje no solo sigue vivo en el imaginario colectivo de los latinoamericanos, e incluso hay quienes lo recuerdan con ritos religiosos, como ocurre cada 9 de febrero en una iglesia venezolana.

El periodista Rodolfo Muñoz se embarcó junto a su equipo en una investigación extensa, a lo largo de varios países de América Latina, para abordar el mito de Julio Jaramillo. EL resultado fue Si yo muero primero, un documental que sigue la evolución de la carrera de J. J. afuera del Ecuador. La película se está proyectando en el Festival Encuentros del Otro Cine (EDOC). Conversamos con el director sobre lo que muestra el documental, en el que queda claro que la magnitud de este artista es mayor de la que se suele creer.

Todo ecuatoriano está familiarizado con el nombre de Julio Jaramillo, pero este documental quería indagar un poco más, y mostrar que no se trataba solo del artista que popularizó ‘Nuestro juramento’. Pero no fue una tarea sencilla: la ausencia de registros audiovisuales dificultó las cosas y le dio mucho trabajo al director de fotografía, Ignacio Muñoz (hijo del director) que dedicó mucho tiempo a recuperar fotos que se habían deteriorado por el tiempo.

Si yo muero primero descubrimos que J. J. es un personaje que sigue vivo en el imaginario latinoamericano, y conversamos de eso con Rodolfo Muñoz.

¿Cuál era el objetivo del documental?

Mi generación escuchó en rocola a Julio Jaramillo, pero eran pocas las melodías. Se trataba de las que se programaban en la cantina, y tenían generalmente el propósito de acompañar la bebida. Pero con el tiempo fui descubriendo que era un cantante versátil que interpretaba muchos géneros, desde el rock & roll.

Hay coleccionistas que asegura que había grabado más de 4.000 canciones. ¿Por qué no conocemos esto los ecuatorianos?

J. J. tenía una capacidad de mimetizarse en los distintos lugares donde vivió, y tenía empatía con las melodías más populares de esos pueblos. Hay quienes creen que era colombiano, mexicano o peruano. Es más grande que el bohemio con muchos hijos y cuatro melodías que nos vendieron los medios. Fue una misión de redescubrir al personaje a través de la que gente con la que vivió su historia.

Nunca se negó su talento, pero aún así no se llegó a hablar de J. J. en toda su magnitud. ¿Por qué ocurrió esto?

En alguna medida, ese estilo de vida un tanto alocado de su juventud le generaba dificultades. Pero además pienso que el mercado ecuatoriano era muy pequeño.A fines de los cincuenta, aquí no había una escena musical importante, pero también tiene algo que ver esa costumbre de menospreciar al distinto que todavía tiene nuestra sociedad. Él venía de una familia modesta, y era bisnieto de uno de los cuatro mil jamaiquinos que vinieron a construir el ferrocarril de Alfaro. Y, por cierto, de ahí viene su vena musical. Él empezó a cantar de una manera muy natural.

Él tuvo afuera la posibilidad de que su alto nivel musical, como intérprete y compositor, tuviera un mejor destino.

¿Quién más era músico en su familia?

Los Laurido habían incursionado bastante en la música. Su madre, como muestra el documental, cantaba en los coros de las iglesias, pero también tenía la preocupación de que hubiera más músicos en la familia. Había enviudado joven y no le gustaba mucho la idea de que sus hijos se volvieran bohemios.

En Si yo muero primero aparecen Carlos Rubira Infante, Lucho Silva, Fresia Saavedra, Jenny Estrada, Hilda Murillo y muchas otras personas que lo conocieron, pero ¿no siente que de alguna forma la realización del documental fue una carrera contra la desmemoria, por la ausencia de registros audiovisuales?

Con la ausencia de videos la cosa se vuelve más difícil. En los sesenta y setenta, los canales no acostumbraban a grabar y lo común era hacer las transmisiones en vivo. Creo que también tiene que ver con que no lo valoraban lo suficiente. Por eso usamos muchos testimonios de quienes lo conocieron —lo que incluye a gente de otros países—, y también un extenso soporte fotográfico. Pero al final, la foto se convirtió en un elemento bello que nos muestra los rostros, las actitudes y la emoción de los fanáticos de J. J.

Hay una chica en Medellín que declara que a ella la bautizaron Sonia por una canción que interpretaba J. J. Además, se habla de una misa anual en Venezuela en homenaje a él, y de una grabación con Astor Piazzolla. Su figura se respalda en el imaginario popular...

No solo eso. Nosotros pensábamos al principio que estábamos frente a un personaje querido por un público mayor. Pero a medida que avanzaban las investigaciones, descubrimos que los jóvenes de hoy también están vinculados con Julio Jaramillo. Eso nos dio mucha confianza, y en encuestas que hicimos en diversos lugares afuera del Ecuador, vimos que la gente joven lo identificaba bien. Es el caso de Sonia en Medellín (una ciudad donde J. J. es sino idolatrado).

Los coleccionistas nos dijeron que J. J. había grabado un disco con Piazzolla, y eso nos motivó en nuestra búsqueda: Fuimos a investigar si en efecto hubo ese vínculo tan importante. Sabíamos que eso no era lo fundamental, porque Piazzolla era grande, pero partimos del hecho de que J. J. también lo era, y así lo confirmaron los musicólogos y la gente de la industria fonográfica.

¿Y en qué momento supieron que tenían el material suficiente para el relato?

En un principio teníamos en cuenta a cuatro países, en función de los géneros musicales en los cuales incursionó. Nos interesaba México por el bolero; Colombia, por sus géneros musicales, en los que incluso compuso algunas melodías; Venezuela, por los géneros llaneros, difíciles, sincopados, y queríamos abordar el tango, porque creo que J. J. era esencialmente un tanguero, un género en el que incluso había impuesto un estilo propio. Conseguimos, de gente que lo conoció o de registros que habían quedado, discos de acetato, programas de radio o programas de televisión con los que podíamos contar una historia interesante. Sin embargo, nunca descubres todo lo que quieres. Hay musicólogos en América Latina que siguen investigando, y creo que este trabajo no ha terminado. Queda mucho por hacer.

¿Qué es lo que más le gusta de Si yo muero primero?

Me gusta que la gente descubra que era un compositor y no solo un intérprete. La película hace énfasis en mostrarlo en esa faceta que aquí no se conocía, una falencia nuestra como país. Por los menos el 50 % de las canciones que se escuchan a lo largo de la película son compuestas por él.

Además, me gusta ese vínculo con lo religioso: los fanáticos venezolanos suelen reunirse anualmente en una misa, y el propio sacerdote que da la misa es un jaramillista, un español que tiene un gran conocimiento de la música de J. J. Todo esto da cuenta de la devoción que existe por este personaje. Julio Jaramillo es un mito que sigue vigente. Nosotros fuimos a buscar la verdad, pero eso no significa acabar con el mito.